Múltiples Existencias. eN eL sEmÁfOrO. – (De Aníbal De Grecia)

1 de mayo de 2021

El poste del semáforo es mi lugar favorito, ahí me siento todos los días a observar a la gente.

Tienen ojos de té o de mate a las seis. Hay los que están hundidos, esos parece que miran para afuera pero no, tienen los ojos en la vesícula biliar, se nota, tan amargas las miradas.

No me gustan los bocinazos o los gritos de los choferes que están apurados y aburridos (a veces se putean porque están aburridos nomás) o enojados. La calle es como una lengua seca que los engulle hacia la nada que es el todo que ofrecen sus vidrieras.

Hace tres días se instaló un perro al lado mío. La gente que tiene ojos con mirada de charla en el patio o silencio y sonrisa en la cola del banco, nos da comida.

La señora del local de enfrente me trajo un tereré ayer y acarició a mi compañero; sus ojos son de pan mojado en el té en invierno.

Mañana fui a barrer la vereda de esa señora y vi un día mi cuerpo colgado del poste del semáforo, oscilando en amplitudes irregulares pero constantes, imaginé la eternidad, el hilo en el eje de mi masa física deteniéndome de la inquietud de hurgar en otros semáforos.

Volví a nuestro poste y pensé que el perro tenía que ponerse un nombre, se lo dije, me miró y tomó agua de la jarra del tereré y sonó la interjección ¡Glup! Lo supe, ese es su nombre.

¡Glup! y yo nos hicimos amigos para siempre o para el siempre que nos queda.

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