Reflexión: La edad en las personas de riesgo y no esenciales

9 de enero de 2021

(Escribe Quitita Moreira) Cuando empezó a hablarse del coronavirus  y  la  pandemia mundial,   sentí   el aislamiento  como algo bueno y necesario,  que me hacía  un lugar especial para cuidarme.  La sensación de “tener tiempo” , de manejarlo, de controlarlo ,  fue  toda  una novedad,  un descanso sin culpas, porque le pasaba  a  todo el mundo  en  todos los continentes y a todos los grupos humanos. El virus, impiadoso , cruel,  mortal, se transmitía  velozmente  de persona a persona. 

De ahí en adelante, la posibilidad del  “riesgo”  nos marcó la vida a  los grupos de la cuarta edad,  más que en otras edades. Y empezamos el  aprendizaje  de  vivir en soledad,   como fue aceptar   ver  menos a nuestros hijos y nietos, a nuestros  amigos.  Dejar nuestras actividades,  no salir a hacer las compras y  esperar que  otros las hicieran  por nosotros,  etc..  Cubrir esas horas en que salíamos   por trabajo  o  de paseo,  haciendo algo en la  casa, arreglando ropa,  libros, estantes,  limpiando  los rincones olvidados, encontrando  fotos , cartas, papeles de toda clase.   En mi caso,  en que creo que  todo sirve o  puede servir,   mis hijos- y ahora mis nietos- me repetían que todo está en internet, que  tire  todo….Claro que ellos olvidaban  que internet no tiene alma, ni tiene color, sabor,  amor….así que con caricias y  tiernas miradas  guardaba  yo todo de nuevo.   

Creo que vivimos la paradoja de la pandemia. Teniendo todo el tiempo, no podemos usarlo como queremos,  nos restringe la libertad de acción, del adentro para fuera,   si somos responsables y comprendemos  que hay “otro” al que debemos cuidar, para cuidarnos. He tenido todo el tiempo  para mí,  pero me  falta el contacto personal, el poder contarle al otro/otra, lo que estoy leyendo o escribiendo. Me valgo de los aparatos, pero eso son… aparatos, cosas que no cubren la  necesidad  del  ver, tocar, abrazar. Los días se vuelven maravillosos, llenos de luz y color,  pero los vemos transcurrir  casi quietos, porque hemos abandonado  actividades  por voluntad propia, por amor al otro, a ese/esa que  por su trabajo y edad  es  esencial,   lo es para nosotros. Y si nos descuidamos, sobreviene la angustia del no saber qué más hacer durante el día, que se transforma  en  interminables días, porque   la pandemia no se terminará  así no más . 

Predicen que el virus  se quedará con nosotros a pesar de las vacunas.  Y es aquí que  apelamos a nuestra  experiencia de vida para sobrellevar esta plaga, poniendo todo nuestro empeño en un horizonte que nos  aliente  a perseverar , a despertar el espíritu solidario, que es nuestra  labor del ahora.   La pandemia no es igual para todos pero  ataca por todos los flancos.. La rebeldía  en cualquier edad, la impaciencia con  todas las medidas posibles que se toman, nos  pone en peligro a todos, especialmente   a nosotros, abuelos, padres, familia y  a amigos longevos. Debemos recordar que vivir es maravilloso y que lo es para todos.                       

QUITITA MOREIRA  / enero 2021 

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