Esperanza y necesidad de acción

11 de diciembre de 2019

La esperanza, definida como el deseo explícito de que algo se logre o se realice, no sabe de calores y distancias, no sabe de pasados ni de presiones, solo sabe dentro de su esperanza misma, que es sano que se cumpla un mandato presidencial y que se renueven las máximas autoridades de un país en tiempo y forma y básicamente, en paz.

El hecho es trascendental ante todo, frente a un cambio de modelo que es prácticamente extremo, ya que entre los que se van y los que llegan, existen diferencias que rayan con el antagonismo más acérrimo. La visión exige que se agudicen los sentidos y que se coloque el foco en lo realmente importante de todo el proceso. Un proceso que pasó por campañas duras y aguerridas dónde no quedaron fuera cuestiones vinculadas a la justicia, a los medios masivos de comunicación, a los ajustes con aumentos desmedidos y hasta corridas cambiarías muy corrosivas que quizás se pudieron evitar.

Es tiempo de ver que el país y su destino, van mucho más allá de gestos ante un saludo o una birome no compartida. Es tiempo de repasar la historia y ver las cosas positivas que dejaron cada uno de nuestros ex presidentes democráticos a lo largo del siglo pasado y en lo que va de éste, ya sea con mandatos enteros o interrumpidos, para rescatar valores y aprendizajes.

Es momento de asumir que no se ayuda en nada al ejercicio democrático con burlas y groserías, con opiniones infundadas y fanáticas que solo dejan ver ignorancia en estado de flagrancia. «Todos los políticos son iguales» es un comentario añejo y a la vez vigente, que muestra un conocimiento muy pobre sobre las responsabilidades cívicas de los ciudadanos y «gobierne quien gobierne hay que trabajar igual» es peor aún al mostrar que no se tiene idea de las condiciones laborales que dependen directa y casi exclusivamente de cada gobierno, incluyendo la posibilidad misma de perder el empleo o los derechos y beneficios que de el devengan.

Es innegable que Argentina sale de un modelo que entre muchas medidas cuestionables, no compartía la importancia de contar con un Ministerio de Salud, que no dudó en reducir los fondos para la investigación científica y que flexibilizó todos los controles que permitieron y estimularon la especulación financiera internacional que terminó diezmando a Pymes e industrias locales. El estado asfixiante en que quedó la clase media sumado a los altos índices de pobreza dió como resultante una Plaza de Mayo llena de personas, llena de esperanzas pero sobre todo, llena de participación civica verdadera, esa participación que va más allá de «memes», chicanas e indirectas.

La esperanza por si sola no puede hacer todo el trabajo, debe enlazarce con la acción y la integración, para así poder llegar a convertirse en realidad. Una nueva oportunidad se le presenta al país, no hay derecho a no atenderla y quedarse en odios estancos.

*Joselo Martínez (Docente y Periodista)

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