HORA DEL MATE- (Rosa Ema Peruzzo)

Soy una mujer sola, mejor dicho, estoy sola y se nota más los fines de semana, especialmente los domingos. Sin embargo hay algo que  me gusta mucho hacer y que me hace sentir acompañada:  tomar mate.

Antes me parecía raro hacerlo sola, porque  para mí debía tomarse por lo menos entre dos. Muchos años lo compartí con mi esposo y también recuerdo que en mi casa, “allá ité”,   era el momento más esperado, el de  la hora del mate

Nos reuníamos mamá, mi tía, mi hermana y yo, frente a la gran ventana que daba a la calle, en una ronda de mate. Lo preparaba mi tía y para nosotros era un mate muy especial porque a la yerba  le agregaba yuyos, pedacitos de cáscara de naranja, y/ o una cucharadita de café de malta, y por supuesto, se cebaba dulce!  Sí ya se, suena  como echarle agua al vino. . Pero  así nos gustaba.Lo importante era que el mate nos reunía, nos relacionaba entre nosotros y con el mundo, porque todo lo comentábamos y todo lo resolvíamos,  mientras el mate iba y venía,

A pesar del peso de estos recuerdos y la costumbre de tomar mate en compañía,  he descubierto dos cosas: que es muy lindo hacerlo sola y que es mejor ¡amargo!,   Nunca más dulce.

Como dije, tomar mate sola es una soledad en compañía. Y como del dicho al hecho hay poco trecho, comienzo a prepararlo.Mientras caliento el agua, lavo algunos vasos y tazas,  porque hasta hace un rato no había agua, como es lo  habitual en esta ciudad.  Así que cuando hay agua aprovecho a lavar. Me voy poniendo cómoda, me saco los zapatos y voy por las chinelas..

¡Zas!  Hirvió el agua,  y mate con agua hervida no sirve …  Mi esposo me contaba de varias muertes por haber cebado el mate con agua hirviendo… Las muertas eran las mujeres por supuesto. El marido mandaba a hacer el mate y si por esas cosas el agua hervía, la pobre ligaba  la muerte!! ¡qué costumbre Dios santo!, pero sí,  así parece que era.

Yo también herví el agua muchas veces, pero zafé!!

“¿Cómo te das cuenta que hirvió?” le preguntaba azorada… “ y  porque los palitos flotan en el agua y el mate se lava enseguida”….   ¡Ah, bueno!. Pero en este momento  no me importa que el agua haya hervido,  total destapo la pava y espero un rato para que se  enfríe.

Mientras busco mi mate, el más chiquito, porque es para mí sola,  lo lleno hasta la mitad de yerba, y busco unos yuyitos para mejorarlo:  le agrego unas hojitas de moringa (el árbol de la vida), un poco de ambay, porque con tanta lluvia y cambio de clima, tengo una incipiente tos,  y sigo con  medio saquito de té  de manzanilla, para los nervios y la digestión.

Pongo otro poquito más de yerba  y tapándole la boca al mate, lo agito bien para que se mezcle con los yuyos y el polvo quede abajo. Le dejo una media luna para el agua.  Como el agua hirvió, espero que se airee antes de quemar la yerba.

Mientras el agua se aireaba, barrí el living y el pasillo de entrada porque Petra( mi perra) está largando mucho pelo, como si fuera un algodón y si no barro, con mis chinelas llevo pelo a todos lados.

¡ Ahhh, ahora el agua se enfrió demasiado!  Es que  he dado  tantas vueltas que era lógico que eso sucediera. No importa, caliento el agua de nuevo pero estoy más atenta , cuando la pava chilla ahí sí  el agua está a punto. Pongo el agua en el termo, en la forma que hacía mi tía, para airearlo, un chorro largo y desde lo más alto  que cae justo en la boca del termo. El agua se oxigena, decía ella.

Y es el momento de empezar el mate. Lleno de agua su media luna, lo dejo un minutito para que la yerba se hinche, pongo la bombilla y lo pruebo, tiro el primer trago, el más amargo y ahora sí que está muy  bien.

Apronto todo. El clima está muy lindo, ni frío ni calor, más bien tibiecito.  Así que salgo al porche para disfrutar mejor  del momento:  de los grandes árboles que por suerte tengo enfrente de mi casa, del silencio en la calle,  y de paso para que se me seque mi pelo con  los ruleros  que me puse mientras  calentaba  el agua. Es que esta noche  tengo un casamiento!!    Podría haber ido a la peluquería,  pero no,  preferí  mis ruleros

Pongo el termo, el mate y las galletitas en una bandeja y  también la mermelada de higo ,  que  aunque tiene poco higo es la que más me gusta. Siempre es mejor comer algo con el mate. Por el estómago. Traigo el teléfono, el  almohadón para el sillón, la sillita chica para los pies y creo que tengo todo…

Cuando me siento, ah!!  me doy cuenta de que me falta la revista de decoraciones que tanto me gusta.   No tengo  planes para decorar pero alimenta mi imaginación y complementa mi  mateada. Voy a buscarla.

Petra me sigue en mis idas y venidas, no sabe si sentarse o esperar. Me mira con sus hermosos ojos color del tiempo, como diciendo  ¿ya está todo, no te olvidás de algo?…  Espera un rato y cuando me ve sentada  por fin  ella también  se sienta  a mi lado y da un gran suspiro.

En realidad, no estoy sola.

                                                                                     

QUITITA MOREIRA /  2016

                    

5 Comments
  1. Cuando leí el prólogo del uruguayo Daniel Vidart (en un libro sobre el mate) me dejó fascinada….-La misma emoción me provoca esta crónica poética, invitando a acompañar a doña Rosa en esta sensible ronda del mate-¿me ceba uno con yuyito pa´l amor…?-
    Felicitaciones, Rosa Ema Peruzzo-

  2. Precioso relato, lleno de paz y dulzura (como el espíritu de la Sra.Quitita).
    Un regalo para el lector desprevenido, que pasó por aquí y se quedó a tomar unos mates sentado en una nube.

  3. Me encantó la descripción en que prepara un buen mate ,algo similar tmb hago yo ….pero lo comparto con mi querida Mamá y veces con gente amiga.Deseo a Ud. Sra de Moreira un lindo fin de semana…..saludos Esther Ikert

Encuesta

Como calificarías la gestión del Intendente de Oberá Carlos Fernández?