• 03/04/2025 20:06

Reflexiones entre equívocas y univocas: Atreverse (por Juan Oviedo)

¿Cuál es el valor que se le puede conceder a una película, novela, etc.?, cuando ese film o ese texto nos induce a “reflexionar” sobre nuestras propias vidas, nuestras acciones, decisiones tomadas, ahí, como un espejo, somos obligados por la fuerza de la trama argumental y mirarnos allí.

Y es lo que efectivamente sucede con esta pequeña obra de arte fílmico del genial Woody Allen titulada “Otra Mujer”, estrenada en 1988. A grandes rasgos narra la historia de Marion, una profesora de Filosofía, que alquila un departamento para poder escribir tranquila su nuevo libro, y se le cuela por una hendija de la pared que colinda con otro departamento, una voz, se trata de una paciente y sus confesiones a su psiquiatra.

Marion tiene 50 años y se considera a sí misma exitosa en la vida, un brillante reconocimiento académico y un sólido matrimonio, es respetada y admirada, sin embargo, poco a poco comienza a ser turbada por la narración de esa paciente a su médico, ¿la turbación?, comienza a cuestionar el ámbito menos considerado de la condición racional del hombre, los afectos, los sentimientos.

Cumplir 50 debería ser una edad donde ya se han asentado por lo general los deberes y las obligaciones familiares, sociales e institucionales, entonces, la persona puede dedicarse más a lo que realmente le importa, sea eso lo que sea, pero ¿qué sucede cuando se ha vivido confortable, sin angustias, exitoso, pero con una deuda: no vivir según lo profundo de los sentimientos?, si eso permanece oculto, no habrá problemas, pero el problema surge cuando el cuestionar llega, y con ello, la sospecha que “posiciona” como una llaga la terrible inquietud por lo -pendiente-, lo que pende, porque “eso” en alguna parte de lo que somos bulle para ser realizado, ¿qué pende?, ¡no cualquier liviandad! y es lo que provoca una
“carencia” en nuestro estar mundano.

La máxima es simple, no vivimos como queremos sino como podemos, los 50 por lo dicho debería ser el primer paso a examinar esa vida de ajustes contextuales, sociales que nos han llenado de ideas “quizás”, ¡ajenas a lo que somos!, como es la responsabilidad, el deber, el compromiso al medio, al mundo, a los otros o el vivir “siendo” los otros, es lo que magníficamente denuncio Heidegger en “Ser y Tiempo”, con el tecnicismo del –das mán- y crisis de por medio, posicionar una vuelta de tuerca en nuestras vidas tras el -Dasein-, en otras palabras, la vida inauténtica o la vida auténtica. Los 50 tienen ese valor, entonces,
¡atrévete!

Juan Oviedo