Reflexiones entre equívocas y univocas: Cultura (por Juan Oviedo)

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Cualquier hecho que posea una condición simbólica como pintar un cuadro, hacer música, escribir libros, dramaturgia, teatro, se les denomina -hechos culturales-, si bien no se puede negar lo simbólico en tales obras, específicamente son hechos más hacia lo artísticos, pero no se les puede negar estar emparentados con el acervo cultural, ahora, también se pueda interpretar como cultura otros “fenómenos” que discrepan de lo simbólico.

Señalemos que las expresiones señaladas de carácter artístico, son expresiones “individuales”, ahora, la siguiente consideración que vamos a plantear no toma por eje a esa individualidad sino a un “colectivo”, quien repite, actúa y fomentan los mismos hechos, por el cual las diferencias individualidades quedan licuadas por ser masificadas en la reiteración del mismo patrón conductual.

La presente reflexión surgió en el hotel “Los Pétalos”, Varadero -Cuba-, sede del antiguo Meliá Varadero, pues por las implementadas condiciones arancelarias de la administración Trump, -altísimas-, la firma hotelera decidió darle fin a la relación
comercial con sus hoteles en toda la isla, así, y solo quedar vigente la estructura edilicia, pero sin la dirección y la omercialización de Meliá.

Paralelo a eso, la falta de petróleo por el bloqueo, no permite el abastecimiento a los vuelos de viajes internacionales de larga distancia y solo la aerolínea panameña -Copa-, desde el aeropuerto Tocumen, -Panamá-, puede realizar sus vuelos a Cuba. Lo que genera, provoca e instala un déficit terrible para la industria sin chimenea en los hoteles por esa “ausencia” del turismo internacional masivo, por el cual deben generar nuevas estrategias para captar clientes locales, los propios cubanos.

Unos de los intentos por mitigar tal vaciamiento que dista mucho de ser una solución temporal valedera, es el recurso promocional llamado “pasadía” cuyo eje está destinado a la población local, así, por una módica suma de unos 40 dólares, según el hotel, la persona hace uso de las instalaciones con todos los servicios hoteleros a su disposición, por supuesto, de quedarse la noche, aumente el precio, por su estadía, ¿corolario?, el hotel se llena de huéspedes cubanos y pude compartir unos dieciséis días con tales huéspedes los servicios e instalaciones del hotel “Los Pétalos”.

Lo que me permitió estar presente ante una serie de fenómenos muy poco visto, y lo que me “animo” a definir a la cultura de otra forma diferente a la ya señalada de simbólica, sino de “cuño”, entendido como -algo- que se grava en esa individualidad y que la
determina, es momento a pasar a describir tal fenomenología.

Primero, la cantidad de comida que se sirven, ¡todos!, pero todos sin igual, desayuno, almuerzo, meriendo, cena, donde llenan, colman, desbordan sus platos de comida, sin límites, como hormigas voraces llenan sus platos una y otra vez, ¿el detalle?, que muchos de los servido, por estar ahítos, hartos, atrancados de comida y bebida, no consuman lo que se han servido, comida y bebida que se debe -tirar-, padres, hijos, esposas, maridos hacen exactamente lo mismo, -servirse por demás- solo por servirse.

Segundo, a la hora de hablar, no lo hacen de forma mesurada, sin levantar las voces, para no invadir a terceros, por el contrario, siempre en esos grupos hay una especie de macho alfa, quien vocifera levantado la voz para que escuche, no solo el grupo, sino -todo- el hotel, y cuando otro individuo del grupo, quiere decir algo, también alce la voz, ¿corolario?, la cacofonía es ¡inevitable!, gritos, carcajadas histriónicas, son corrientes y estandarizadas. Otro detalle del desubique normalizado, se encuentre en aquellos que portan parlantes individuales, por ejemplo, usted se encuentra en el bar predilecto del nombrado hotel, calmo, disfrutado de la vista marina, azul profundo con habano en mano y bebiendo algo, todo calmo, tranquilo, es un momento de solaz, pero ¡de pronto!, todo eso es interrumpido porque viene alguien con su parlante diminuto y privado, se pone a escuchar rigtone a “todo” volumen, pero ese maldito/ta ¿pidió permiso, consulto si podía?, -olvídeloTercero, los hombres llevan gorra y la mayoría se mete vestidos con remeras en el mar, siempre, llevan algún vaso en la mano o caminan por la playa con su vaso, como si eso
fuera un signo de estatus, ¡ah!, casi nadie deja propina y solo dicen gracias cuando son servidos por el personal. Otra, son invasivos -no respetan- la cola en el ascensor, como ganado encaran y no tienen en cuenta la cantidad permitida que sugiere la carga a trasportar, pero lo extraordinario es que porten un sentido curioso, ser dueños del lugar y hacer lo que quieran, y ¿qué legitima eso?, que han pagado.

Juan Oviedo

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